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Comunicación interventricular

Es posible que tu madre o tu padre te hayan hablado sobre la operación a la que te sometiste cuando eras pequeño. O tal vez lo averiguaste tú cuando les preguntaste por la cicatriz que tienes en el pecho. O quizás te preguntes porque tienes que ir al médico tan a menudo. Mucha de la gente que tiene, o que ha tenido, una comunicación interventricular se puede encontrar preguntándose a sí misma: ¿qué es esto exactamente y qué significa para mí?

Una comunicación interventricular (o "CIV", de forma abreviada) es una afección cardíaca que puede afectar a los adolescentes, aunque a la mayoría de la gente con una CIV se la diagnosticaron mucho antes de la adolescencia.

¿Qué es una comunicación interventricular?

Para entender en qué consiste esta anomalía, ayuda mucho revisar los fundamentos sobre cómo funciona un corazón sano.

El corazón posee cuatro cavidades: las dos cavidades inferiores que bombean sangre se llaman ventrículos, y las dos cavidades superiores que reciben sangre son las aurículas. En un corazón con una circulación normal, la sangre procedente del organismo que recibe la aurícula derecha es de bajo contenido en oxígeno. Esta sangre pasa a la cavidad derecha encargada de bombear sangre (el ventrículo derecho) y luego es bombeada hacia los pulmones, donde se oxigena. La sangre, después de haber sido enriquecida con oxígeno, regresa a la aurícula izquierda y luego pasa al ventrículo izquierdo.

Desde el ventrículo izquierdo, la sangre se bombea al resto del cuerpo a través de la arteria aorta, un vaso sanguíneo de gran tamaño que se encarga de repartir la sangre rica en oxígeno entre otros vasos sanguíneos de menor tamaño, que llevarán oxígeno al resto del organismo. Las cavidades inferiores derecha e izquierda, encargadas de bombear sangre (los ventrículos), están separadas por una pared o tabique compartido, denominado tabique interventricular.

Las personas con CIV tienen un agujerito en este tabique, entre el ventrículo derecho y el izquierdo. Es posible hayas oído hablar de este tipo de anomalía como "un agujero en el corazón". Por lo tanto, cuando late su corazón, parte de la sangre del ventrículo izquierdo (ya enriquecida con el oxígeno procedente de los pulmones) fluye hacia el ventrículo derecho a través del agujero del tabique.

En el ventrículo derecho, esta sangre rica en oxígeno se mezcla con la sangre pobre en oxígeno y es conducida a través de la arteria pulmonar de nuevo hacia los pulmones. La sangre que fluye a través del agujero genera un ruido adicional, que se puede escuchar durante la exploración mediante estetoscopio y que se llama "soplo cardíaco". Las características del soplo cardíaco, junto con otros sonidos específicos del corazón que puede detectar un cardiólogo, pueden dar pistas de que una persona tiene una CIV.

Hay distintos tipos de CIV, en función de su localización exacta en el tabique interventricular. También pueden tener distintos tamaños. Tanto los síntomas como el tratamiento de las CIV dependerán de estos dos factores. Algunas veces, una CIV puede formar parte de un tipo más complejo de cardiopatía congénita.

La mayoría de los adolescentes con CIV, padecieron esta anomalía en el pasado. A pesar de que las comunicaciones interventriculares son bastante frecuentes, es bastante raro que no se detecten hasta la adolescencia. Por eso, lo más probable es que una CIV haya dejado de provocarle problema a un adolescente.

En aproximadamente el 40% de los niños nacidos con una CIV, el orificio es de tamaño reducido y se cierra por sí solo después de nacer. Si una CIV es grande y se debe operar, lo más probable es que ya se haya corregido cuando el niño era un lactante. En el resto de los casos (niños con CIV que no se han corregido mediante cirugía ni se han cerrado por sí solas), el orificio será demasiado pequeño como para generar problemas de salud.

¿Cuál es la causa de una CIV?

Las comunicaciones interventriculares se forman durante el desarrollo del corazón del feto y están presentes desde el nacimiento. Durante las primeras semanas posteriores a la concepción, el corazón se desarrolla a partir de un tubo largo, que se divide en varias partes que se acabarán convirtiendo en tabiques y cavidades. Si se produce algún problema durante el proceso de formación, puede aparecer un agujero en el tabique interventricular.

En algunos casos, la tendencia a desarrollar una CIV tiene una base genética. Algunos síndromes genéticos pueden conllevar que haya un exceso o una falta de material cromosómico, lo que se asocia a la presencia de CIV. De todos modos, en la gran mayoría de los niños afectados por esta anomalía cardíaca, no existe una causa clara de por qué la han desarrollado.

Signos y síntomas

Las CIV suelen detectarlas los pediatras durante los primeros meses de vida en las revisiones de control. El tamaño del agujero y su ubicación determinan si la CIV provoca o no síntomas en la persona afectada. Lo más probable es que la mayoría de los adolescentes que tuvieron una CIV no recuerden haberla tenido porque o despareció por sí sola o se la diagnosticaron tan pronto que no tienen recuerdos sobre la intervención ni sobre el proceso de recuperación.

Los adolescentes con CIV de tamaño reducido que todavía no se han cerrado por sí solas, no suelen presentar ningún síntoma, aparte del soplo cardíaco escuchado por sus pediatras. Es posible que deban ir a la consulta del médico regularmente para evaluar la anomalía y asegurarse de que sigua sin provocar problemas.

De todos modos, la escasísima cantidad de adolescentes con CIV de moderadas a grandes que no hayan sido tratadas durante la lactancia pueden experimentar algunos síntomas. Entre ellos, figuran la falta de aliento, la sensación de cansancio o debilidad (sobre todo mientras hacen ejercicio físico), la falta de apetito y los problemas para ganar peso.

La mayoría de los niños con CIV de moderadas a grandes, reciben tratamiento mucho antes de que esta anomalía les llegue a provocar problemas.

Diagnóstico de la CIV

Si tu pediatra te detecta un soplo cardíaco que no había detectado antes, es posible que te remita a un cardiólogo pediátrico, un médico especializado en diagnosticar y tratar las enfermedades del corazón en niños y adolescentes.

Aparte de hacerte una exploración, el cardiólogo pediátrico averiguará tus antecedentes médicos haciéndote preguntas sobre tu salud en el pasado, la salud de tu familia, los medicamentos que tomas, las alergias que padeces y otras cuestiones relacionadas con tu salud. Si el cardiólogo sospechara que podrías tener una CIV, es posible que solicitara una o varias de las siguientes pruebas:

  • una radiografía de pecho, que permite obtener una imagen del corazón y de los órganos circundantes
  • un electrocardiograma (ECG), donde se registra la actividad eléctrica del corazón
  • un ecocardiograma (ecografía del corazón), que utiliza ondas sonoras para producir una imagen del corazón y que permite visualizar cómo circula la sangre por las cavidades cardíacas. Esta suele ser la principal herramienta que se utiliza para diagnosticar una CIV.
  • un cateterismo cardíaco, que proporciona información sobre las estructuras cardíacas, así como sobre la tensión arterial y sobre las concentraciones de oxígeno en sangre dentro de las cavidades cardíacas. Esta prueba no se suele practicar en las CIV, a no ser que se necesite información complementaria que no pueden facilitar otras pruebas.

Tratamiento

Cuando un médico diagnostica una CIV, su tratamiento dependerá de varios factores, como la edad del paciente, el tamaño del orificio y su ubicación dentro del corazón. De todos modos, no hay motivo para preocuparse de que la CIV vaya a aumentar de tamaño. Las CIV pueden disminuir e, incluso, llegar a cerrarse por completo sin tratamiento alguno, o pueden no cambiar de tamaño. Lo que no pueden hacer es crecer.

Un niño o un adolescente con una CIV de tamaño reducido que no provoca síntomas es posible que solo necesite visitar al cardiólogo pediátrico con regularidad para asegurarse de que su anomalía sigue sin generar problemas. En la mayoría de los niños y adolescentes, los orificios pequeños se cierran por sí solos sin necesidad de acudir a la cirugía. Y otra buena noticia: si tienes una CIV pequeña, lo más probable es que no tengas que restringir tu práctica deportiva ni tus actividades extraescolares en ningún sentido.

Si se trata de una CIV de tamaño mediano a grande, lo más probable es sea necesario intervenir quirúrgicamente. En la mayoría de los casos, la intervención se realiza en niños muy pequeños, generalmente antes de que cumplan un año. Una cantidad muy reducida de gente debe someterse a una intervención quirúrgica durante la adolescencia. Las personas con CIV grandes necesitan medicarse hasta que se corrija esta anomalía. La medicación sirve para ayudar al corazón a bombear mejor o para ayudar al organismo a librarse de líquidos sobrantes.

La intervención para corregir una CIV implica hacer una incisión en el pecho para que el cirujano pueda coser directamente el orificio o bien coser un parche de material quirúrgico artificial (como el Dacron o el Gore-Tex) sobre él. Al cabo de poco tiempo, el tejido del corazón va creciendo sobre el parche o los puntos, de modo que, aproximadamente 6 meses después de la intervención, el orificio está completamente cubierto por nuevo tejido cardíaco.

Ciertos tipos de CIV se pueden cerrar mediante una técnica no quirúrgica, procedimiento que recibe el nombre de cateterismo cardíaco. Se inserta un tubo, fino y flexible (un catéter) en el interior de un vaso sanguíneo de la pierna que llega hasta el corazón. Un cardiólogo dirige el tubo hacia el corazón para tomar medidas sobre el flujo sanguíneo, la presión y la concentración de oxígeno en las cavidades cardíacas.

Los médicos pueden colocar un implante especial dentro del orificio del tabique interventricular. Este implante consta de dos discos de malla metálica flexible y está diseñado para que se aplane contra el tabique por ambos lados y selle de forma permanente la CIV. Los médicos solo utilizan esta técnica para tratar ciertos tipos de CIV.

Después de que una persona se recupere de la intervención quirúrgica o del cateterismo cardíaco, no debería tener ningún otro problema a consecuencia de la CIV.

Evitar las infecciones

La gente con algunos tipos de anomalías cardíacas, como una CIV, tiene un riesgo incrementado de desarrollar endocarditis infecciosas a lo largo de su vida. Se trata de un tipo de infección provocada por las bacterias presentes en el torrente sanguíneo. La mejor forma de proteger el corazón consiste en reducir la cantidad de bacterias que contiene la boca, los dientes y las encías. Y esto lo puedes conseguir cepillándote bien los dientes y utilizando hilo dental cada día, así como haciéndote limpiezas de boca cada pocos meses.

Los médicos suelen recomendar a los pacientes que se hayan sometido una intervención de corazón que tomen antibióticos antes de ir al dentista durante los 6 primeros meses posteriores a la intervención. Salvo en esta situación, la mayoría de los médicos no creen que sea necesario que niños y adolecentes tomen antibióticos antes de ir al dentista. De todos modos, cada caso es distinto, de modo que deberías preguntar a tu médico qué deberías hacer.

Los adolecentes afectados por una anomalía cardíaca deben evitar hacerse "piercings" en el cuerpo. Los piercings aumentan las probabilidades de que entren bacterias en el torrente sanguíneo, infecten el corazón y lesionen sus válvulas. Si te estás planteando la posibilidad de hacerte un piercing y tienes una anomalía cardíaca, habla antes con tu médico.

Cuídate

Los adolescentes que se someten a una intervención por padecer una CIV de gran tamaño suelen salir del hospital en un plazo de 4 a 5 días tras la intervención si no hay complicaciones.

Lo más probable es el médico te diga que los primeros días que pases en casa tras la intervención duermas mucho, descanses en la cama o recostado en el sofá y que solo hagas actividades tranquilas, como ver la tele o leer. Al cabo de 2 a 3 semanas, te encontrarás mejor, pero es importante que te lo sigas tomando todo con mucha calma hasta que hayan pasado unas 6 semanas desde la intervención. Cada caso es distinto. Por lo tanto, el médico te hará saber cuándo podrás volver a ir al colegio y retomar tus demás actividades cotidianas.

Después de la operación, la herida de la incisión (el lugar donde el cirujano te hizo el corte) estará sensible a la presión y al tacto y dolorida. Es posible que el médico te diga que tomes analgésicos (medicamentos para el dolor) para aliviarte. Una incisión en el pecho tarda unas 6 semanas en curarse. A veces, puede haber insensibilidad, picazón, tirantez y sensación de quemazón alrededor de la herida. Se trata de partes normales del proceso de curación, pero informa a tu médico si presentas cualquiera de los problemas que se mencionan más abajo.

En la mayoría de los casos, los niños que se han sometido a una intervención para cerrarles una CIV se recuperan deprisa. Pero hay una serie de signos que pueden indicar la existencia de un problema. Informa a tus padres o a otro adulto para recibir tratamiento médico inmediato si presentas cualquiera de los siguientes signos.

  • dificultades para respirar
  • fiebre, ganglios linfáticos hinchados o ambos a la vez
  • dolor o sensibilidad a la presión y el tacto en aumento
  • supuración de sangre o de pus en la herida de la incisión
  • área enrojecida (o franjas rojas), hinchada y que se va extendiendo alrededor de la herida

También deberías informar a tus padres y a tus médicos si no tienes apetito o has perdido peso; también pueden ser signos de un problema.

La herida de la incisión deja una cicatriz en el centro de pecho. El aspecto que acabará adquiriendo al final dependerá del tipo de piel que tenga la persona. Cada piel es distinta y se cura de una forma diferente. Es normal sentirse un poco cohibido por tener una cicatriz en medio del pecho. Si el aspecto de tu cicatriz te incomoda mucho, habla con tu médico o con un dermatólogo sobre qué se podría hacer para que tenga mejor aspecto.

Hoy en día, tener una CIV no suele ser preocupante. Tu cardiólogo pediátrico está muy familiarizado con esta frecuente anomalía cardíaca y sabe la mejor forma de tratarla. La mayoría de la gente que ha padecido una CIV puede disfrutar de las mismas actividades que sus amigos y llevar vidas largas, sanas y activas.

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Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.

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