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Las convulsiones febriles son convulsiones que pueden ocurrir cuando un niño tiene fiebre.
Si bien pueden resultar alarmantes, las convulsiones febriles suelen desaparecer sin necesidad de tratamiento y no causan otros problemas de salud.
Las convulsiones febriles afectan a niños desde los 6 meses de edad hasta los 6 años y son más frecuentes en los niños de 12 a 18 meses de edad. Las crisis convulsivas suelen durar unos pocos minutos e ir acompañadas de fiebre superior a los 100,4 °F (38 °C).
Durante una convulsión febril, todo el cuerpo del niño puede temblar, sacudirse y retorcerse; es posible que los ojos se pongan en blanco; y el niño tal vez gima o pierda la conciencia. Este tipo de convulsión no suelen durar más de unos pocos minutos, pero en casos excepcionales puede durar hasta 15 minutos.
Las convulsiones febriles se detienen por sí solas, mientra que la fiebre continúa hasta que el niño recibe tratamiento. Algunos niños están somnolientos después de una convulsión mientras que otros no sufren ningún efecto posterior. Una vez que la convulsión haya terminado, llame al médico de su hijo para que determine la causa de la fiebre.
Las convulsiones febriles pueden causar temor en quien las presencia pero son bastante frecuentes, no suelen ser un síntoma de una enfermedad grave y, en la mayoría de los casos, no causan otros problemas de salud. Si tiene alguna duda o pregunta o hay algo que le preocupa, hable con el médico de su hijo.
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Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.
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