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Sobrepeso y obesidad

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En EE.UU., la cantidad de niños con sobrepeso ha aumentado de una manera alarmante: se considera que uno de cada tres niños tiene sobrepeso u obesidad.

Muchos niños pasan menos tiempo que antes haciendo ejercicio y más tiempo frente al televisor, la computadora, el teléfono, la tableta, o la consola de videojuegos. Y las ajetreadas familias de la actualidad disponen de menos tiempo libre para preparar comidas saludables, nutritivas y caseras. De la comida rápida a la electrónica, lo rápido y fácil es la realidad para muchos de nosotros.

Prevenir el sobrepeso en los niños significa tomar decisiones inteligentes sobre la forma en que su familia se alimenta y hace ejercicio y sobre cómo pasan el tiempo cuando están juntos. Ayudar a los niños a llevar un estilo de vida saludable empieza con el buen ejemplo de los padres.

Consecuencias de la obesidad 

La obesidad aumenta las probabilidades de que un niño desarrolle problemas médicos que pueden afectar a su salud actual y futura. Entre ellos, se incluyen afecciones graves como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y el colesterol alto, que antes se consideraban como exclusivas de la etapa adulta. 

Los niños obesos y con sobrepeso también se exponen a tener:

  • problemas óseos y articulares
  • falta de aliento y problemas para respirar, que dificultan que hagan ejercicio, deporte o cualquier actividad física y que pueden agravar los síntomas del asma, si padecen esta enfermedad, o aumentar las probabilidades de que la desarrollen.
  • patrón de sueño agitado o problemas respiratorios por la noche, como la apnea obstructiva del sueño
  • tendencia a madurar de forma prematura (los niños con sobrepeso pueden ser más altos y madurar antes desde el punto de vista sexual que sus compañeros, generando expectativas de que se deben comportar según la edad que aparentan en vez de según la edad que tienen en realidad; las chicas con sobrepeso pueden tener ciclos menstruales irregulares y problemas de fertilidad en la etapa adulta)
  • enfermedades hepáticas y de las vías biliares

Los factores de riesgo cardiovascular (como la hipertensión arterial, el colesterol alto y la diabetes) presentes en la infancia favorecen el desarrollo de enfermedades cardíacas (como una insuficiencia cardíaca) y accidentes cerebrovasculares en la etapa adulta. La prevención y el tratamiento del sobrepeso y de la obesidad durante la infancia pueden reducir el riesgo de desarrollar estas afecciones durante la etapa adulta.

Los niños obesos también pueden tener problemas emocionales (como una baja autoestima), ser rechazados por sus compañeros y/o recibir acoso escolar o bullying. Los niños que están descontentos con su peso son más proclives que los niños de peso promedio a:

  • desarrollar unos hábitos alimentarios insanos y trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa y la bulimia.
  • desarrollar una depresión
  • caer en el abuso de sustancias

¿Tiene mi hijo sobrepeso?

El IMC (índice de masa corporal) utiliza las medidas de estatura y de peso para estimar la cantidad de grasa corporal que tiene una persona. Pero calcular el IMC sin ayuda puede ser complicado. Es más fácil utilizar una calculadora de IMC.

Una vez conozca el IMC de su hijo, este se puede representar en una gráfica estándar de IMC. Su hijo de entre 2 y 19 años pertenecerá a una de las siguientes cuatro categorías:

  1. peso por debajo de lo normal: IMC inferior al percentil 5
  2. peso normal: IMC entre los percentiles 5 y menos de 85
  3. sobrepeso: IMC entre los percentiles 85 y menos de 95
  4. obesidad: IMC superior al percentil 95

El IMC no se utiliza para estimar la cantidad de grasa corporal en bebés y niños menores de dos años. En los niños menores de dos años, los médicos se basan en gráficas de peso por longitud para saber cómo se relacionan ambas medidas. Todo niño que se encuentre en el percentil 85 o por encima de él se considera que pesa más de lo que debería pesar.

El IMC no es una medida perfecta de la grasa corporal y hay algunas circunstancias en que puede llevar a confusión. Por ejemplo, una persona con la musculatura muy desarrollada puede tener un IMC alto sin tener sobrepeso (porque su desarrollo muscular aumenta su peso corporal, pero no su cantidad de grasa). Además, es posible que durante la pubertad, momento en el cual se experimentan períodos de crecimiento rápido o “estirones”, el IMC sea difícil de interpretar. Es importante recordar que el IMC suele ser un buen indicador, pero no es una medida directa de la grasa corporal.

Si a usted le preocupa que su hijo pueda tener sobrepeso, llévelo al médico, quien le hará algunas preguntas sobre sus hábitos alimentarios y de actividad física y le dará algunas recomendaciones para que haga cambios positivos en el estilo de vida. También es posible que el médico le pida un análisis de sangre para descartar algunos problemas de salud que se asocian a la obesidad.

Dependiendo del IMC (o de la medida de longitud por peso) de su hijo, su edad y su estado de salud, es posible que su médico lo remita a un nutricionista o dietista titulado que les orientará y tal vez les recomiende participar en un programa integral de control de peso.

Causas del sobrepeso

Hay diversos factores que contribuyen al sobrepeso. Pueden estar implicados los factores genéticos, los factores relacionados con el estilo de vida, como la dieta y la falta de ejercicio, o una combinación de ambos. En algunas ocasiones, una ganancia excesiva de peso se debe a problemas endocrinos, síndromes genéticos y/o la toma de determinados medicamentos.

Dieta y estilo de vida

Gran parte de lo que comemos es fácil y rápido de preparar, desde las comidas rápidas cargadas de grasa hasta los alimentos precocinados y listos para calentar al microondas. Tenemos los horarios tan apretados que nos queda poco tiempo para preparar comidas más saludables o para hacer algo de ejercicio. El tamaño de las raciones, tanto cuando comemos en casa como fuera de casa, ha aumentado de forma considerable.

Además, ahora la vida es mucho más sedentaria que antes. Los niños pasan más tiempo jugando con equipos electrónicos, desde los teléfonos y las tabletas hasta las computadoras y las videoconsolas, que jugando activamente al aire libre. La televisión es uno de los principales culpables.

Los niños menores de seis años pasan un promedio de dos horas diarias delante de  pantallas, mayoritariamente viendo vídeos o programas de televisión. Los niños mayores y los adolescentes se pasan casi 4 horas y media diarias viendo la televisión o vídeos. ¡Y si también incluimos los videojuegos y el uso de la computadora, el tiempo que se pasan delante de pantallas aumenta a siete horas al día! En otras palabras, muchos niños se pasan casi todo el tiempo libre de que disponen al salir del colegio ante uno u otro tipo de pantalla.

Los niños que pasan más de cuatro horas diarias delante de pantallas tienen más probabilidades de tener sobrepeso en comparación con aquellos que se pasan dos horas o menos. No es de extrañar que el hecho de tener televisor en el dormitorio también se asocie a una mayor probabilidad de desarrollar sobrepeso.

La Academia Americana de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) recomienda que niños y adolescentes pasen no más de una o dos horas diarias utilizando pantallas como medio de entretenimiento y desaconseja el uso de cualquier tipo de pantalla a niños menores de dos años. Asimismo, la AAP recomienda no tener televisor, computadora ni consola de videojuegos en el dormitorio y apagar cualquier pantalla a las horas de las comidas.

Ejercicio y actividad física  

Muchos niños no hacen suficiente actividad física. Aunque las clases de educación física que se imparten en las escuelas pueden contribuir a que los niños hagan ejercicio, cada vez hay más centros escolares que están recortando los programas de educación física.

Los niños deben estar activos cada día. Los niños mayores y los adolescentes deben hacer un mínimo de 60 minutos de ejercicio físico, de moderado a vigoroso, cada día, incluyendo tanto actividades de tipo aeróbico como ejercicios de tonificación muscular. Los niños de dos a cinco años deben jugar de forma activa varias veces al día.

Genética

Los factores genéticos también pueden desempeñar un papel en el peso de un niño. Nuestros genes ayudan a determinar el tipo de cuerpo que tenemos y la forma en que cada uno almacenamos y quemamos la grasa, del mismo modo que influyen en cualquier otro rasgo. De todos modos, los genes no pueden explicar la actual crisis de obesidad. Puesto que tanto los genes como los hábitos se transmiten de una generación a la siguiente, es posible que varios miembros de la misma familia tengan problemas de sobrepeso.

Los miembros de la misma familia tienden a tener hábitos alimentarios similares, a mantener los mismos niveles de actividad física y a adoptar actitudes similares ante el sobrepeso. El riesgo de obesidad de un niño aumenta considerablemente si uno o ambos progenitores tienen sobrepeso o son obesos.

Prevenir el sobrepeso y la obesidad 

La clave para conseguir que los niños de todas las edades mantengan un peso saludable consiste en implicar a toda la familia, siguiendo el enfoque de "predicar con el ejemplo". Haga de la alimentación saludable y de la práctica del ejercicio físico una cuestión de familia. Haga que su hijo colabore en la planificación y la preparación de comidas saludables y lléveselo con usted cuando vaya a comprar alimentos para que aprenda a escoger alimentos saludables.

Evite caer en algunas de las trampas más frecuentes relacionadas con la alimentación:

  • No recompense a su hijo por su buena conducta, ni trate de frenar su mala conducta, ofreciéndole golosinas o dulces. Piense en otras formas de modificar su comportamiento.
  • No imponga la norma de “dejar siempre el plato limpio". Tenga en cuenta las pistas que le dé su hijo sobre lo hambriento que está. Hasta los bebés que giran la cara en la dirección contraria a la del biberón o el pecho de sus madres les están dando pistas de que ya están llenos. Si su hijo ya está satisfecho, no le obligue a seguir comiendo. Refuerce la idea de que solo debe comer cuando tenga hambre.
  • No hable sobre “alimentos malos” o "prohibidos" ni elimine por completo los dulces y tentempiés favoritos de la dieta de su hijo. Los niños pueden rebelarse y comer cantidades excesivas de los alimentos prohibidos cuando están fuera de casa o traerlos a casa a escondidas.

Recomendaciones en función de la edad

He aquí algunas recomendaciones adicionales para niños de todas las edades:

  • Desde el nacimiento hasta el año: La lactancia materna, aparte de las muchas ventajas que tiene para la salud, puede ayudar a prevenir el sobrepeso. Los bebés amamantados son más capaces de controlar cuánto comen y de dejarse guiar por las pistas internas de que tienen o no tienen hambre.
  • Entre 1 año y 5 años: Inicie unos buenos hábitos alimentarios desde el principio. Ayude a su hijo a desarrollar unas buenas preferencias alimentarias ofreciéndole un amplio abanico de alimentos saludables. Fomente su tendencia natural a estar activo y ayúdele a desarrollar nuevas habilidades a partir de las que ya tiene.
  • Entre los 6 y los 12 años: Anime a su hijo a hacer ejercicio físico cada día, sea practicando un deporte de equipo organizado o bien jugando al fútbol o al escondite en sus ratos libres. Mantenga a su hijo activo también cuando esté en casa, proponiéndole actividades como salir a dar un paseo y/o jugar en el patio o el jardín. Déjele participar cada vez más en la elección de alimentos saludables, por ejemplo, dejándole que se prepare el almuerzo.
  • Entre los 13 y los 17 años: A los adolescentes les encanta la comida rápida, pero trate de guiar a su hijo hacia alimentos más saludables, como bocadillos de pollo asado, ensaladas y raciones de tamaño más reducido. Enséñele a prepararse comidas y tentempiés saludables. Y anímele a estar activo cada día.
  • Todas las edades: Limite el tiempo que pasa su hijo delante del televisor, la computadora, la videoconsola, etc., y evite que coma delante de una pantalla (de televisión o de otro tipo). Sírvale un amplio abanico de alimentos saludables y coman en familia siempre que sea posible. Insista a su hijo en que desayune cada día y en que tome por lo menos cinco raciones de fruta o verdura diarias, y limítele las bebidas azucaradas.

Si usted come bien, hace ejercicio con regularidad e incorpora unos hábitos saludables en el estilo de vida de toda la familia, estará dando a su hijo un buen ejemplo a seguir. Hable a su hijo sobre la importancia de alimentarse bien y de estar activo, y conviértalo en un asunto de toda la familia para que todos acaben por automatizarlo. 

Y, sobre todo, transmita a su hijo el mensaje de que usted lo quiere, independientemente de lo que pese, y de que usted desea ayudar a toda la familia a ser feliz y a estar sana.

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Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.

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